martes, 13 de octubre de 2015

CENA MARIDAJE FINCA LA EMPERATRIZ EN ALAMEDA 10 POR DISBEGAL

El miércoles 30 de septiembre la distribuidora de bebidas DISBEGAL organizó una cena-maridaje en el RESTAURANTE ALAMEDA 10 de Pontevedra con vinos de la BODEGA FINCA LA EMPERATRIZ, de La Rioja. Ante esta combinación, a pesar de ser un miércoles y tener que madrugar mucho al día siguiente, no pudimos resistirnos.


La bodega pertenece a los hermanos Víctor y Eduardo Hernáiz, y se encuentra en Baños de Rioja, a pocos kilómetros de Haro. Más de la mitad de su producción se vende fuera de España (Alemania, Suiza, USA, etc.). Para el evento vino Víctor, quien se encargó de presentar cada uno de los vinos que se sirvieron a lo largo de la cena.


Su familia compró los terrenos en 1996 con el fin de vender simplemente la uva, sin embargo con el tiempo decidieron elaborar sus propios caldos, para disfrute de los demás mortales. Como ya expliqué en otro artículo que escribí sobre esta bodega, la finca perteneció a la Emperatriz Eugenia de Montijo, de ahí el nombre (http://tiradelhilo200.blogspot.com.es/2015/04/fe.html). Es especial por el canto rodado del suelo, por sus casi 600 metros de altitud (una de las zonas más frías de La Rioja) y por la edad de sus cepas. Eduardo y Víctor quisieron hacer algo diferente a lo que se viene haciendo en La Rioja y lo han conseguido.


La finca está parcelada en 22 porciones distintas, cada una con su edad, orientación, variedad de uva y/o demás características. Obtienen de ellas vinos frescos, con acidez, lo que permite una fantástica crianza en botella. Elaboran dos líneas:

-Coupage: mezclan variedades como se hacía desde antiguamente en La Rioja (Tempranillo, Garnacha, Viura) y crían en barricas de roble americano.

-Parcelas: cada parcela tiene sus características propias que la hacen diferente a las demás.



La cena-maridaje consiguió en la siguiente combinación de vinos y platos:

-Finca La Emperatriz Crianza 2011: elaborado a partir de Tempranillo, Garnacha y Viura de 11 parcelas, cuyas viñas tienen una edad media de 25 años. Se cría alrededor de un año en barricas de 225 litros de roble francés y americano con el fin de mantenga así los toques afrutados. Luego se mantiene al menos un año en botella. Es un vino con estructura pero fresco, balsámico, con la justa madera para tener muy presente los frutos rojos.

  

Este vino fue acompañado por unas sabrosas Croquetas de marisco que preparó el Restaurante Alameda.


-Finca La Emperatriz Garnacha Cepas Viejas 2012: monovarietal de uvas de la variedad Garnacha que provienen de la parcela nº 5. Víctor nos habló aquí del concepto de Garnacha atlántica por ser un vino elegante, con la fuerza justa. Para ello la crianza se realiza en barricas de roble francés de 500 litros con un tostado suave durante alrededor de un año. Las cepas tienen más de 65 años, de ahí el nombre del vino. Al igual que las otras veces que lo bebí, me encandiló por lo goloso que es. Es una pena que no lo puedan elaborar todos los años, pues depende de si esta variedad de uva, con un ciclo de vida muy largo, llega al punto justo de maduración, lo que depende de la climatología principalmente.

 

El plato que acompañó al vino fue Fabes con almejas, un clásico asturiano, muy bien preparado.


-Finca La Emperatriz Reserva 2009: elaborado con Tempranillo, Garnacha, Graciano y Viura. A pesar de ser un reserva, la bodega escapa de los vinos clásicos que se elaboraban hace unos años en La Rioja. Quieren que sea un vino vivo, con taninos sedosos, complejo. Pasa dos años en barrica principalmente americana, pero también francesa, continuando con casi dos años en botella con el fin de alargar su guarda. Cepas de unos 60 años. Es un vino que sorprende por su fuerza y aromas que van apareciendo poco a poco en la copa a medida que pasa el tiempo.

  

La Alameda preparó para este vino un rico plato de Anguilas fritas con jamón y champiñones.


-Finca La Emperatriz Terruño 2010: elaborado por Tempranillo íntegramente de la parcela nº 10. Crianza de año y medio en barricas de roble francés y americano y después un año en botella. Al parecer son cepas en espaldera de más de 2 metros de alto. Se trata de un vino fresco, con predominio de frutos rojos pero también con toques a especias.

 

Nos prepararon en este caso unas raciones muy abundantes de Rabo de buey con una rico chutney de pimiento.


De Postre nos pusieron un variado: helado de turrón, tarta del abuelo y hojaldre de crema (el que más me gustó fue este último, delicioso).


A pesar de ser un día de semana nos quedamos hasta bastante tarde charlando animadamente con los asistentes. Fue una velada ideal en la que el vino y los platos casaron a la perfección y la compañía fue inmejorable. Deseando repetir.


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