domingo, 26 de abril de 2015

BOCADOS EXQUISITOS DE DON OLEGARIO

El viernes 24 de abril nos apuntamos a una de las cenas llamadas “BOCADOS EXQUISITOS” que organiza la BODEGA DON OLEGARIO. Cada mes lo organizan en un restaurante distinto, y para el mes de abril tocaba en la bonita QUINTA DE SAN AMARO. El menú salía por 25 euros por persona, pero sin informar de los platos concretos. Sí avisaban en el cartel que habría una botella del vino de la bodega para cada dos.

Cartel del evento

Yo me enteré porque lo vi anunciado en el Facebook, así que llamé y me salió un señor que me dijo que había mucha gente apuntada ya y que me arrancaría la piel si no me presentaba el día marcado en la Quinta de San Amaro. Sin conocerlo de nada me pareció un poco agresivo pero yo me lo tomé a broma. Me dijo que se llamaba Fernando y que pertenecía a la bodega Don Olegario, rogándonos que nos presentásemos antes de las 22h.

 Cartel de la entrada y hórreo con paredes acristaladas

El día 24 llegamos a la quinta a las 21:45, un cuarto de hora antes de la hora acordada. El sitio es precioso, con bonitas vistas, un hórreo de cristal, piscina, habitaciones, terrazas y salones decorados con mucho gusto. Me llamó la atención las baldosas del suelo, algunos de los muebles, la vajilla que era toda distinta, etc. Las fotos, al ser de noche, no representan bien la belleza del lugar, que cuenta con numerosos rincones con encanto.

Bonitos rincones

La chica que estaba en la barra nos preguntó si queríamos un vino, mostrándonos una botella de blanco y aclarando que sería el que se bebería durante la cena. Accedimos y en cuanto nos lo sirvió nos cobró las dos copas alegando que después de la cena sería más lioso (2’50 euros la copa). Es la primera vez que voy a un evento en el que se promociona un vino y me lo cobran. Todo aquél que entró después de nosotros, picó igualmente y aceptó el vino, teniéndolo que pagar al contado. 


Vino Mi mamá me mima

Sobre las 22:30, cuando ya estaban todos los comensales, apareció Fernando disculpándose por la tardanza… Dijo que había que pagar antes de poder entrar al salón así que fue cobrando uno por uno, primero a los que pagaban en efectivo, y dejando al final los que pagamos con tarjeta. Tras el pago entramos en el salón, habiendo mesas corridas. Nos sentamos en la primera que vimos pero luego nos cambiaron porque había cuatro personas que venían juntas y se tendrían que sentar sino en los huecos libres. No nos importó, pues nosotros dos no conocíamos a nadie.

Salón preparado para la cena

Una vez comenzada la cena apareció Fernando en el salón y pidió atención, valiéndose de varios golpes en una copa con una cuchara. Dijo que no le salían las cuentas y que creía que alguien había entrado en el salón sin pagar o que a alguien le había dado mal el cambio, pues le faltaban 80 euros. Fue una situación un poco embarazosa, en la que nadie se acusó de los hechos. Creo que sería raro que alguien acudiese a este tipo de eventos con la intención de no pagar y, además, la mayoría de la gente venía en parejas por lo que al pagar lo hacían con un billete de 50, sin necesitar cambio. Al final abandonó airadamente la sala ante la negativa general.

Bonito aparador

Por fin comenzó la cena, con bastante retraso ya, a cargo de la Quinta de San Amaro. 

1    1. Crema de verduras, fajita y bombón de queso: plato variado bien presentado, y sabroso. La pena es que el crujiente de queso venía dentro de la crema de verduras y por tanto, cuando llegó a la mesa ya no era crujiente.


2   2. Vieiras con puré de patatas y cama de puerros: buenísimas vieiras y en su punto exacto, el problema es que el puré venía frío.


3   3. Solomillo con patatas, compota de manzana y piña flambeada: la carne estaba exquisita y la combinación acertada. Eché de menos alguna patata más.


4    4Tarta al albariño con helado de cítricos y verdura: la tarta fue lo que menos me agradó, pues apenas tenía sabor. El helado sí estaba rico.


El vino que sirvieron era “Mi mamá me mima 2013” y exactamente había una botella para cada dos, perfectamente colocadas en las mesas desde antes de entrar los comensales en el salón. Tuvimos que pedir un enfriador a media cena porque el vino estaba calentándose demasiado y ya estaba toda la botella sudada por fuera. Es la primera vez, también, que en un evento de este tipo no nos sirven su vino a la temperatura óptima y además lo racionan.

 

El vino en cuestión, “Mi mamá me mima” se trata de un albariño monovarietal sin fermentación maloláctica. Fue presentado por la bodega hace alrededor de un año y definido en su momento por la gerente, María Falcón, como un vino sencillo, fácil de beber y afrutado. Yo estoy totalmente de acuerdo con ella; un vino simplemente correcto.

Por lo que pone en la web de la bodega (www.donolegario.com) se concibió para el público joven, para tapear y tomar por copa, ideal para gente que se inicia en el mundo del vino (de ahí el diseño inspirado en los cuadernos que se utilizaban antes para empezar a escribir). Por tanto opino que servir este vino en este tipo de cena no fue acertado, pues la media de edad de los asistentes era bastante más alta que el perfil del cliente al que va dirigido este caldo, y además la mayoría de ellos éramos amantes del vino desde hace tiempo, ya iniciados. Eché de menos probar los vinos más complejos que tiene la bodega e incluso creo que lo ideal hubiera sido un maridaje de varios de ellos con los platos servidos por la Quinta de San Amaro.

Tras la comida mi pareja pidió un chupito de hierbas, el único que lo solicitó de toda la mesa, y le cobraron 2’50 euros. Otro detalle a mi parecer bastante feo. La bodega también elabora licores pero brillaban por su ausencia.

Chupito: 2'50 euros

La verdad es que la cena fue muy agradable y lo pasamos muy bien gracias a las parejas con las que coincidimos en la mesa, con quienes hablamos de vinos (pues alguno de ellos tenía incluso bodega propia) y muchos otros temas más. Comentaron que a ellos tampoco se les había dado la situación de tener que pagar el vino de aperitivo ni el tener una botella para cada dos durante la cena.

Animado salón con sus comensales

El entorno era precioso, la comida en general me gustó, y el servicio fue lo más rápido y eficiente posible teniendo en cuenta que sólo había dos camareras para atender a más de 40 personas. Sin embargo la organización por parte de la bodega y el vino que sirvieron me deja mal sabor de boca. Sólo probamos el vino más básico de Don Olegario por lo que no me pude hacer una idea general de sus productos; casi hubiera preferido pagar un poco más y que incluyese un buen maridaje de los platos con sus vinos.

Vistas del salón desde fuera

No hay comentarios:

Publicar un comentario