jueves, 26 de febrero de 2015

FIN DE SEMANA CON JOSE Y DANIELA. DOMINGO 22 FEBRERO 2015

DOMINGO 22 FEBRERO 2015

     Nos levantamos justo para dejar la habitación a las 12, pues el chico que había la noche anterior en la recepción nos dijo que si queríamos estar más tiempo teníamos que pagar 21 euros (horrorrrr!!). Nos costó un poco levantarnos, pues la juerga del día anterior se había alargado más de la cuenta, pero lo conseguimos.
Catedral de Tui

     Nos despedimos del recepcionista, un señor mayor muy amable que nos preguntó que qué tal había estado la estancia y nos confirmó la mesa que teníamos reservada en el Silabario para las 14 horas. Caminamos hasta el coche y allí dejamos las maletas.

Callejuelas

  Dimos una vuelta por Tui, pues no lo conocíamos, sólo de pasar en coche. La verdad es que nos gustó mucho. El casco antiguo es todo de granito, parecido al de Pontevedra. Vimos la catedral, cuyo interior es magnífico. Su construcción empezó en el siglo XII, de estilo principalmente Románico. Se pueden visitar las cubiertas, creo recordar que por 6€. No pudimos ver el claustro, pues estaba cerrado. Aquí tenéis la crítica en Tripadvisor:http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g1064053-d4214117-r255959308-Tui_Cathedral-Tui_Pontevedra_Province_Galicia.html

     Tras la visita a la catedral callejeamos por sus alrededores y acabamos bajando al paseo fluvial. Desde allí llegamos a un parque muy bonito, desde donde hay unas espectaculares vistas de Tui y el río Miño, donde está la Iglesia de Santo Domingo.

 Paseo fluvial del Miño
    
   Luego tomamos un vino en un sitio llamado Adega da Barraca, que está justo en el centro. Pelayo pidió un Heredad Ugarte y yo un Eidosela. Conocíamos los espumosos de Eidosela, tras la cata a la que asistimos en Cambados, pero no el blanco y la verdad es que me gustó mucho. El otro, un Rioja magnífico. Nosotros visitamos la bodega hace un tiempo y la verdad es que nos encantó, os la recomendamos vivamente. Además ofrecen un menú degustación con muy buena pinta para el que quiera quedarse a comer en su restaurante (nosotros no habíamos reservado y estaba completo). Pagamos por los dos vinos 4€, incluyendo un pincho un poco extraño: patatas fritas y un trozo de pizza para cada uno.

Pincho y vino en Adega da Barraca

     Nos acercamos ya al Silabario, pues eran casi las 14:00, hora a la que teníamos reservada la mesa. Habíamos comprado el menú degustación, maridaje de vinos y la noche de hotel por 69€/persona en una de las webs de ofertas en las que habitualmente compro (Oferplan), pues llevábamos tiempo queriendo venir a probar este restaurante con una estrella Michelín. La otra opción, por 48 €/persona, no incluía los vinos ni cafés, sólo menú y noche de hotel. Para una pareja que beba poco parece que sale mejor coger el de 48€ y una botella aparte. Los vinos que ofrecían eran: un espumoso para el aperitivo, dos distintos para los platos del menú y uno dulce para el postre.

Sala con espejos

     Tienen un bar entre el hotel y el restaurante, con buena pinta. Yo los sigo por el facebook y la verdad es que casi todos los días anuncian alguna oferta muy atractiva. Nos dieron a elegir mesa, pues sólo estaba ocupada una por una pareja. La sala es totalmente acristalada por lo que hay bonitas vistas y además cuenta con unos espejos que dan aún más luminosidad. La cocina también es vista, con grandes ventanales, pero a mi entender pequeña. Al poco de sentarnos nos sirvieron el pan, dándonos a escoger entre varios (nueces y pasas, centeno, etc.), que no elaboran ellos, lo compran a una panadería de la zona, pero he de decir que estaban muy buenos.

    Este fue el menú que nos sirvieron, avisando que los comentarios que hago son desde mi humilde opinión, no soy ninguna profesional del ramo:

1.Risotto de hinojo, centollo y cebollita: este plato nos sorprendió, estaba muy bueno. Para mí el más novedoso de todos cuantos sirvieron. De hacer una crítica constructiva, quizás eché en falta algo crujiente. Con él nos sirvieron un Cava Brut Nature Carles Andreu que nos gustó mucho. Cada vez nos decantamos más por los espumosos a la hora de comer, son el gran descubrimiento del 2014.

 

2.Níscalos botón asados a la parrilla de leña, puerros, anacardos y carbón vegetal: lo que más me gustó fue la espuma de níscalos pero también la mezcla con el carbón vegetal, pues pocas veces he tenido oportunidad de probarlo en un plato. Con él nos sirvieron el maravilloso blanco de Ribeiro Viña Dieguez, con Torrontés, Treixadura y Loureira, de nuestro amigo Milo, que quizás conoceréis por su vino Casal de Paula. No lo habíamos probado aún y no nos defraudó.

 

3.Merluza del pincho, espinacas y sabayón cítrico: tengo que decir que el punto de la merluza era de diez, riquísima. Las espinacas tenían cierto crujiente aún, y la crema suave pero rica. Seguimos con Viña Dieguez.

  

4.Cochinillo costrado, coliflor especiada y berza de invierno: la presentación de este plato para mí fue la más cuidada, sin embargo he probado cochinillos de este estilo mejores. Para mi gusto debería de estar un poco más jugosa la carne y la piel hipercrujiente, cosa que no fue así. La crema de coliflor sí estaba muy rica. El maridaje fue con un vino llamado Seis de Luberri, de La Rioja Alavesa, 100% Tempranillo. Se llama así porque tiene crianza de 6 meses en barricas de roble americano, y está elaborado por el procedimiento de maceración carbónica. La verdad es que sorprende, parece que tiene más tiempo de crianza. Sin embargo para el que sesupone plato estrella nos esperábamos un vino de más porte.
  

5.Bica "sticky toffee" con crema de leche cruda y azafrán con sorbete de mango: ya pasamos al postre, que he de decir que nos encantó. Para mí de lo mejor del menú. Con él nos sirvieron un vino dulce, Moscatel de la Marina 2013, de la Bodega Enrique Mendoza, que está en Alicante. Está elaborado con uva Moscatel de Alejandría. Estaba bueno pero suave de sabor, no es de los mejores moscateles que he probado.

     Luego pedimos ver la carta de vinos, para echar un ojo, y porque es muy curiosa, aquí tenéis una foto. Por la diferencia de precio entre menús (48€ sin vino frente a 69'50€ con vino) llegamos a la conclusión que merece más la pena coger el de sin vino y pedir una botella o dos de la carta, pues que por 44€ euros que hay de diferencia estamos convencidos de que se pueden beber buenos vinos. 

     El maridaje nos pareció acertado en cuanto que acompañaban muy bien los platos pero la media de precio de las botellas que sirvieron fue alrededor de 7 euros (imagino que son vinos que tienen para los menús y que luego aprovechan para chatear en el bar); así que en mi opinión podían haberse estirado un poco más, sobre todo con el tinto. No me gustó además que cuando te sirven el vino no te dejan la botella en la mesa, ni siquiera para ver la etiqueta, ya que no dan explicación ninguna de lo que van a servir. En todas las ocasiones tuve que pedirle a la camarera que me dejase unos segundos para hacerle una foto al menos a la etiqueta (ya ni siquiera a la contraetiqueta) y se la llevaban inmediatamente, no sé si para evitar que el cliente se sirva más de una copa...

Carta de vinos: es una caja con imanes que se abre

     En cuanto a los platos, estaban buenos, pero nos parecieron en general bastante planos de sabor, no había nada que rompiese la monotonía, que sorprendiese en el paladar (ácido, crujiente, amargo, etc.). Además, a excepción del aperitivo, todos llevaban algún tipo de fruto seco (principalmente anacardo y/o pistacho), lo cual es un poco repetitivo. Tengo que decir que nos esperábamos un poco más, tanto en cantidad como en calidad de platos, y algo más novedoso quizás.

     Una vez que acabamos el postre, inmediatamente nos levantaron de la mesa y nos llevaron a una sala que tienen con sofás para tomar el café. Trajeron varios tipos de azúcar y la verdad es que el café estaba muy bueno.

Salita para tomar café

     Ya para acabar, quizás nos equivoquemos, pero nos pareció que a la gente que pedía de carta la atendían con más atención y esmero que el par de mesas que llevábamos menú degustación comprado por internet. Nosotros gastamos 140€ en la comida así que creo que nos merecemos igual o más atención que el resto. El chef, Alberto González Prelcic, se acercó a nuestra mesa sólo en un par de ocasiones pero apenas habló, parece tímido, ni nos dio ninguna explicación (como vimos que hacía en las otras mesas). Cuando voy a este tipo de restaurantes me gusta ver al chef y charlar con él un rato, creo que va incluido en el precio. 

     Como comentamos a menudo con amigos, volvemos a reafirmarnos que dentro del grupo de los restaurantes con una estrella Michelín hay un amplíiisimo rango de niveles (pues todavía no he tenido la ocasión de probar los de dos y tres). La verdad es que salimos del Silabario con una sensación agridulce, a pesar de las expectativas que llevábamos.

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