miércoles, 18 de febrero de 2015

DIARIO DE COSTA RICA, DÍA 10: Monteverde-Manuel Antonio

VIERNES 3 DE OCTUBRE 2014

Me desperté a las 5 y no paré de dar vueltas. Al rato volví a dormir pero poco ya, pues nos levantamos a las 6:30. Bajamos a desayunar: gallopinto, revuelto, salchichas con salsa de tomate, pancakes, pudding de plátano, piña, zumos, etc. Aquí os dejo la crítica del Hotel Heliconia, después de nuestra estancia, en Tripadvisor: www.tripadvisor.es/Sho...renas.html

A las 8:15 tenía que venir a buscarnos el Interbus que nos trasladaría a Manuel Antonio, la Costa del Pacífico de Costa Rica, pero se adelantó. Resulta que la carretera que debíamos tomar estaba cortada por las lluvias así que tendríamos que coger un desvío que nos llevaría más tiempo (4 horas). La carretera al principio estaba llena de curvas y sin asfaltar, con mucho tráfico. Después incluso cogimos un tramo de autopista.

Hicimos una parada de descanso en un área de servicio con tienda de souvenirs, pues aquí está todo pensado para que los turistas gasten la mayor cantidad de dinero posible durante su estancia en el país. La tienda se llamaba El Jardín y fue uno de los pocos sitios que encontramos que te daban a probar café GRATIS.

Pelayo compró una gorra de Costa Rica para su colección y además también cogimos un cuenco de madera con un tucán pintado a mano (en realidad es una cevichera, según la etiqueta que traía).

Continuamos el camino y yo aproveché para echarme una siesta. Finalmente llegamos al hotel Parador sobre las 12:30, en donde se bajaron Dani y Noemí junto con la familia de Madrid con la que ya habíamos coincidido en varias ocasiones a lo largo del viaje. La verdad es que el viaje se hizo muy ameno porque fuimos charlando todos. El Parador es un hotelazo de 5 estrellas merecidas, el único de nivel que hemos visto durante nuestra estancia en Costa Rica. El resto, según nuestra propia experiencia y la de los españoles con los que fuimos compartiendo el viaje, no valen las estrellas que tienen, salvo alguna excepción contada. A continuación el minibús dejó a Jordi y María y finalmente a nosotros, en el Hotel Costa Verde.

En la recepción nos recibió una chica que era demasiado artificial y forzada que nos explicó que como era temporada baja nos iban a dar una habitación mejor que la que teníamos contratada GRATIS. Esta palabra la estamos escuchando demasiado en el día de hoy, cosa que nos empieza a mosquear porque aquí no regalan nada…


Vistas de Manuel Antonio desde el hotel


Cuando llegamos al cuarto vimos que era bastante cutre así que no quisimos ni imaginar cómo era la que nos iban a dar en un inicio. Pelayo se cabreó muchísimo porque tuvimos que pagar un extra para tener aquella mierda de habitación y si se les llega a ocurrir meternos en algo todavía peor la hubiera liado parda en recepción y con la empresa de viajes. El cuarto tenía vistas al camino, ni siquiera al mar (pese a que había muchas otras vacías con vistas al mar, pues apenas había gente alojada en el hotel), el armario era un trozo entre columnas en el que habían clavado un par de tablas y puesto una cortinilla para tapar. Teníamos una nevera y una cocina con dos resistencias más viejas que Matusalén (pues era tipo apartamento)… Indignados como estábamos visitamos en Internet la web del hotel y era verdad que había habitaciones aún más cutres. Era increíble lo que habíamos pagado por ese hotel y lo que nos estábamos encontrando.

Para calmar un poco los ánimos salimos a dar una vuelta por los terrenos del hotel, que son bastante grandes y muy bonitos. Tienen tres piscinas, salón de bodas, un avión-cafetería muy espectacular, etc. Efectivamente vimos una de las habitaciones pequeñas abiertas, pues estaban limpiando, y quedamos alucinados del cuchitril que era; casi había que entrar de lado para que abriese la puerta y no pegase con la cama…

Luego nos dimos un baño en una de las piscinas, estando solos todo el rato, y la verdad que las vistas están muy bonitas, se ve toda la playa y la zona de Manuel Antonio. Volvimos al cuarto, nos dimos una ducha y cogimos el bus hasta Manuel Antonio, en donde habíamos quedado con Dani y Noemí. Hay una parada justo enfrente de la recepción del hotel, el billete vale 620 colones/1€.

Llegamos nosotros antes que ellos y como había unos policías en la parada de bus nos pusimos de cháchara con ellos un buen rato. Nos contaron que como los sucesivos gobiernos que había tenido Costa Rica fueron muy corruptos, todo se ha ido encareciendo (pero según ellos igual para el turista que para el que es de allí).

Nos confesaron que cobran 800$ al mes y que tienen que hacer maravillas para pagar el alquiler y mantener a la familia. Para ellos tomar una cerveza en un bar con los amigos es un lujo que no se pueden permitir. Uno de ellos estaba estudiando, a su vez, arquitectura, para ganar un poco más en el futuro. Entonces empezamos a entender porqué la población estafa sistemáticamente al turista, por cuestión de supervivencia. También porqué los restaurantes y bares tienen unos precios tan elevados, pues a ellos no van nacionales. La verdad es que pasamos un rato muy ameno con ellos y nos contaron cosas muy interesantes de la vida en su país. Se agradece que nos hablaron con tanta franqueza.

Al rato llegaron Dani y Noemí y ya nos despedimos de los policías. Dimos una vuelta por la playa, que es muy chula, pero sólo había un pequeño supermercado y un par de bares. Tomamos una cerveza y un jugo de mango (2800colones/4'5€) en uno de ellos. Estando allí vimos unos titíes muy graciosos que bajaron del bosque hacia el pueblo me imagino que en busca de comida.

Ese mismo día en Manuel Antonio hubo a media tarde una revuelta de gente que vivía en una casa okupa y tuvieron una batalla campal con la policía así que no había demasiado buen ambiente en el pueblo, andaba todo el mundo alterado así que decidimos marchar de allí. Cogimos el bus hasta Quepos, que era la siguiente población importante. En la cola del bus nos encontramos con Víctor, un chico muy majo de Badajoz que viajaba solo y con el que habíamos coincidido previamente en Tortuguero. Él abandonaba el país ya al día siguiente. Se alojaba en una especie de albergue que estaba en la carretera de camino a Quepos y allí se bajó, despidiéndonos de él.

Feria de fruta en Quepos

Quepos es bastante más grande que Manuel Antonio, de hecho es ya una población y no cuatro calles, como prácticamente todos los lugares que hemos visto hasta ahora en Costa Rica (a excepción de San José). Dimos una vuelta por el pueblo, que tenía bastante vida. Nos dirigimos hacia el puerto con el fin de preguntar por las excursiones para avistar ballenas que ofrecían por la zona. Para ello cogimos un trozo de un paseo marítimo que estaba en ese momento lleno de puestos de fruta y verdura. Estaba muy bonito y disfrutamos un buen rato del colorido, olor y bullicio de la feria. Había un montón de frutas que no habíamos visto nunca antes.

Puerto de Quepos

Finalmente hablamos con el guardia de seguridad que había en la entrada del puerto y nos mandó que preguntásemos en otra puerta que había más adelante, donde estaban atracados los barcos turísticos. Caminamos por donde nos dijo, pegados al muro del puerto pero era una zona muy oscura que al principio nos metió bastante miedo. Nos tranquilizó el ver que había varios jóvenes haciendo footing y gente paseando el perro. Al llegar a la otra puerta nos recibió otro guardia que nos mostró los catamaranes y nos dijo los precios orientativos. Nos dijo que si quería llamaba a un amigo de él para reservar las plazas en su barco pero declinamos la invitación, pues ya nos conocemos la historia de las comisiones... Nos pareció todo una atracción de feria, muy caro y con el riesgo que había de no ver las ballenas.

Cena en el Blue Marlin

Volvimos a la puerta inicial del puerto y entramos por allí buscando uno de los restaurantes de pescado que habíamos oído que había. Esta zona es muy famosa por la pesca deportiva, pues se pueden encontrar marlín, pez vela y un sinfín de enormes ejemplares. Pelayo estuvo mirando para salir a pescar con alguna excursión organizada, pues es un amante de la pesca, pero pedían auténticas barbaridades que no os podéis ni imaginar, lo más caro que hemos visto durante nuestra estancia en Costa Rica.

Tataki de atún

Además luego como los turistas, en general, no tienen manera de despiezar el pescado y comérselo de una tacada, pues son enormes, se los acaban cediendo a la empresa, que a su vez se los venden a los restaurantes de la zona (es decir, se enriquecen doblemente).

Hamburguesa

Entramos en uno de los restaurantes que estaba en una segunda planta, muy bonito, lleno de lucecitas (pues ya era de noche) llamado BLUE MARLIN. Pedimos un tataki de atún de primero para compartir y la verdad es que estaba riquísimo. De segundo Pelayo pidió Cihimichanga y yo hamburguesa de Sangus. Estaba todo exquisito.

Chimichanga

Pagamos, incluyendo los refrescos y cervezas, 25.000 colones por pareja/42 euros, lo que nos pareció hasta buen precio, a pesar de no incluir vino ni postres. He de decir que el local está enteramente decorado con objetos que hacen alusión a la pesca, incluyendo fotos de ejemplares que se han sacado por la zona que son realmente alucinantes, qué bicharracos!!

Desde allí llamamos a un taxi, que nos vino a buscar a la puerta del restaurante y nos llevó hasta el Hotel de Dani y Noemí. Luego Pela y yo dimos un paseo hasta el nuestro.

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