domingo, 30 de noviembre de 2014

Diario de Perú. Día 10: Islas Titicaca (Uros y Amantani)

      Nos levantamos, nos preparamos para la excursión a las islas y bajamos a desayunar. Allí nos encontramos sólo con Borja, pues Bea seguía enferma, así que se quedaban en el hotel y no venían al lago Titicaca. Al parecer no había comido nada ni había tomado la medicación.
     El desayuno estuvo muy bien: huevos fritos, plátanos enanos (bizcochitos), jamón york, queso pan, mermelada, mantequilla, té y café, etc. Borja le llevó algo de comer a Bea al cuarto.

Vistas desde el hotel Helena Inn

      Pelayo y yo cerramos las maletas y las dejamos en consigna. Esperamos en recepción a que vinieran a buscarnos. Al poco apareció un minibús y nos subimos. Borja aprovechó para hablar con la guía para cambiar la excursión de dos días por la de uno, en caso de que Bea se encontrase bien al día siguiente. Dejamos además encargado a Borja para que fuese a comprar los billetes de bus Puno-Arequipa para el sábado mientras Bea se quedaba en el cuarto.

Grupo de música que tocaba en el barco

      El minibús nos dejó en el puerto y allí la guía nos indicó que sería aconsejable comprar algo de regalo para la familia que nos iba a acoger así que cogimos un paquete de arroz y unas manzanas.
     Al poco subimos a un barco ni muy grande ni muy nuevo. Yo intenté abrir la ventanilla y el cristal cayó como una guillotina golpeándome a mí y a un chico que iba detrás.

    En cuanto zarpamos se presentó el guía, llamado Rubén, y nos hizo presentarnos a todos. Había gente de Francia (había muchos, entre ellos unas chicas con las que ya habíamos coincidido en el tren a Machu Picchu y Julian), Chile (Claudio y Roxana), Colombia (Darío el padre, Sergio y Uriel sus hijos, María, casada con Uriel, y Alexis, primo de los hermanos), Perú (Octavio), etc.

     La primera parada fue en la isla de los Uros, a 3800 metros de altitud, en donde se habla aymara. Entre todas las islas Uro, que son alrededor de 80, hay un total de 2500 habitantes. Estas islas son artificiales, pues las ha creado el hombre a base de un junco que nace en el lago llamado totora, acumulándolo y anclándolo al suelo con largos palos. Los uros se exiliaron a las aguas del lago escapando de la invasión inca de Pachacutec.


Lago Titicaca

     Al pisar está muy mullido, como si fuera un cojín gigante. La zona que está en contacto con el agua se va pudriendo así que tienen que ir poniendo nueva totora por encima. Todo allí es de totora: el suelo, las casas, las camas, las barcas, etc. Incluso se comen sus raíces blancas, aunque a mí me parecieron un poco insípidas. El jefe de la isla en la que paramos se llamaba Antonio y fue el que nos recibió y nos contó cómo se construyen las islas y cuáles son sus costumbres. No pueden dedicarse a la agricultura así que su sustento principal es la pesca. Con el excedente se adquieren otros productos en tierra firme. Se pesca trucha, pejerrey, carachi, etc. Otra actividad muy típica la confección de tejido por parte de las mujeres, de bonitos colores y, últimamente, el turismo.

Isla de Uros

     Luego dimos una vuelta en una de sus canoas que están fabricadas con 2000 botellas de refrescos de 2 litros recubiertas por totora. Así flotan y duran más tiempo (pues antes sólo se hacían de juncos). El viaje fue una estafa, pues pagamos 15 soles por persona cuando en realidad en la guía y a Borja y Bea al día siguiente les cobraron sobre 5 soles en persona. Luego supimos que Rubén, el guía, era Uro por lo que querría más inversión para sus islas a base de estafar turistas…

     Durante el viaje en barco aprovechamos para preguntar a Rubén todas las preguntas que nos surgieron con el fin de conocer mejor este llamativo modo de vida. Las islas pueden moverse de un sitio a otro del lago, unir varias o crear nuevas (por ejemplo cuando se produce un matrimonio) e incluso separarse si no se llevan bien los habitantes. Desde hace unos años ya cuentan con electricidad gracias a paneles solares. Tienen que tener mucho cuidado con el fuego porque ya han ardido islas enteras por culpa de incendios incontrolados. Los niños van cada día hasta Puno para ir a la escuela en barco. Además hay un chamán que va por las islas visitando a los enfermos. Crítica en Tripadvisor sobre las islas flotantes de los uros: http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g298442-d1584207-r235343593-Uros_Floating_Islands-Puno_Puno_Region.html#REVIEWS 

Isla de Uros

     Tras esta visita continuamos en nuestro barco hasta la isla de Amantani. Allí nos recibió el jefe de la isla con varios nativos y es que existe un turno rotatorio de acogida entre toda la población para que haya ingresos en todas las familias. A nosotros nos acogió una señora muy pequeñita llamada Hermenegilda, con la cara abrasada por el sol. Además de nosotros acogió también a una pareja de chilenos: Roxana y Claudio. La señora vivía al final de una cuestarrona terrible que tuvimos que subir muy tranquilamente porque con el peso de las mochilas y la altitud no dábamos para más. Hermenegilda sin embargo subía que se las pelaba… 

Pelayo con Hermenegilda

    La casa estaba construida con adobe y contaba con dos plantas, una cocina, un wáter fuera del recinto y una huerta. Hermenegilda repartió las habitaciones nada más llegar y dejamos las mochilas en ellas. Eran muy grandes, con dos camas y una mesa, pintadas de vivos colores.

     La isla de Amantani es casi circular y es la de mayor tamaño del lado peruano del lago Titicaca. Su altura máxima es de 4150 metros. Cuenta con 800 familias repartidas en 8 comunidades. Su actividad principal es la agricultura: papas, oca, cebada, habas, etc, pues disponen de varios manantiales permanentes. También se dedican al textil, a la artesanía, a la pesca y al turismo.

Licencia y casa de Hermenegilda

     Está habitada desde la época inca y en 1580 fue vendida por el Rey Carlos V a un español, Pedro González. Poco a poco, y debido a las sequías, los nativos fueron comprando prácticamente todas las tierras de la isla. Está a 3 horas en barco de Puno y cuenta con gran variedad de flora: la cantuta (flor nacional), la muña, etc.

     Después de dejar las cosas en los respectivos cuartos bajamos al patio, pues Hermenegilda estaba en la cocina preparando la comida. Es de adobe, con una entrada por la que mete ramitas de eucalipto y dos fuegos. Al parecer los eucaliptos también son una plaga aquí, incluso son utilizados por los uros para anclar las islas al fondo mediante sus largos troncos.

Habitación en la que nos alojamos

     Pelayo y yo ayudamos a la señora a preparar la comida: pelamos y picamos verdura. La comida consistió en dos platos: sopa de quinoa de primero y un combinado de segundo que llevaba arroz, distintos tipos de papas (algunas incluso deshidratadas), oca, queso frito, tomate y pepino. Muchos de los productos eran de la huerta de la casa. Yo me toqué uno ojo sin acordarme de que había partido un ají picante y se me puso rojo como un rocoto. Tuve que poner un buen rato el ojo debajo del grifo que había en la huerta…Para beber nos trajo unas cervezas Cuzqueñas enormes de la tienda, que nos cobró a 10 soles cada una, y mate de muña. Luego nos lavamos los dientes en el grifo del huerto y para ir al wáter hay que tirar un cubo después, pues no hay cisterna.

Comida en casa de Hermenegilda

      Dormimos una siestecita y a las 15:30 nos reunimos con el resto del grupo en la cancha de fútbol del pueblo. Varios de los chicos jugaron un buen rato al fútbol con los niños de la isla. Luego el guía nos llevó al templo de la Pachatata, que estaba en lo alto de una colina. Es un templo preincaica, al igual que había en otra colina, llamado de la Pachamama, pero éste no lo visitamos. La cuesta era empinadísima así que cada uno fue a su ritmo. Cuando llegamos a lo alto cayó la tormenta que había amenazado toda la tarde así que volvimos corriendo para el pueblo. A mí me dio rabia no dar las típicas tres vueltas alrededor del templo que dan todos los visitantes para obtener buena suerte.
     Nos metimos en un bar minúsculo que hay en la isla, en donde nos sentamos con el grupo de colombianos, y pedimos chocolate caliente para todos. Son muy simpáticos todos. 

     Sobre las 18 horas volvimos para casa de Hermengilda, quien ya estaba preparando la cena. Estaba también en la cocina uno de sus 6 hijos, Christian, que es el más pequeño y el único que vive con ella en la actualidad. El hijo es muy tímido y ella no tanto pero a veces es difícil entenderse con ella, pues habla más quechua que español. El menú fue sopa de quinoa de primero y de segundo un plato con arroz, queso, papas fritas, verdura, huevo revuelto, tomate y judías verdes. Para beber cerveza Cuzqueña y mate de muña. Aprovechó para enseñarnos las prendas que teje con lana de alpaca y yo le compré un gorro de colores muy bonito (30 soles).

Ayudando a Hermenegilda en la cocina

    Luego nos trajo ropa típica de los nativos y nos vistió a los cuatro: poncho para ellos y para nosotros traje completo con capa negra y camisa blanca bordadas a mano, refajo, falda rosa y fajín. El bordado es muy colorido, con forma de flores, muy bonito. La capa la llevan las mujeres en la cabeza, sin atar ni nada, no sé como aguantan porque es muy pesada, a mí se me cae todo el rato.

    Una vez vestidos nos dirigimos a la casa de reuniones en donde daban una fiesta para los turistas. Había unos músicos con instrumentos tradicionales y vendían algo de bebida. Poco a poco fue llegando todo el mundo. 

     Los músicos tocaban canciones un tanto monótonas que las mujeres nos enseñaban a bailar en corro. Hermenegilda era la más bailonga de todas con diferencia. Los franceses se fueron marchando poco a poco y quedamos sólo los latinos para el final. Antes de la desbandada y porque seguro que ya se lo sabían, los músicos pasaron la gorra por entre los asistentes para que les echásemos monedas.

    A las 22h nos marchamos para casa pues llevábamos un buen rato solos, acompañados únicamente por Hermenegilda y el hombre que alojaba a los colombianos. Octavio, el peruano, iba hacia el puerto porque la familia que lo alojaba vivía por allí, lo cual nos asustó un poco porque no se veía absolutamente nada, no había ni una luz. Al día siguiente supimos que se perdió y tardó un buen rato en encontrar la casa.

Guateque peruano con bandera colombiana

     Nos despedimos en nuestra puerta de los colombianos, pues ellos continuaban aún más para arriba de la cuesta. Nos lavamos los dientes y nos metimos en cama, Pelayo y yo en la misma cama para no pasar frío. Las mantas eran muy pesadas, era prácticamente imposible darse la vuelta. Aún así Pelayo me destapó varias veces durante la noche. Además tuve que levantarme a hacer pis durante la noche en el baño rústico porque con tanto mate, sopa y Cusqueña reventaba…

 Aquí tenéis la crítica de la Isla de Amantani en Tripadvisor: http://www.tripadvisor.es/ShowUserReviews-g294311-d319342-r235403106-Amantani_Island_Isla_Amantani-Peru.html#REVIEWS 

No hay comentarios:

Publicar un comentario